HISTORIA DE TENTUDÍA

Apuntes históricos a cargo de Manuel López Fernández,
Historiador, natural de Calera de León. Facultad de Geografía e Historia
Universidad Nacional de Educación a Distancia
  • LA CRUZ DEL SIGLO
Foto: Merche Rodríguez 

    Artística fotografía realizada por Merche Rodríguez Cuevas, tomada en una puesta de sol, casi entre dos luces, en la que puede verse un mar de crestas que descienden mansamente hacia poniente, señoreadas por esta cruz que se yergue hoy sobre fuerte roca de cuarcita, muy cercana a la la explanada del santuario.

    Pero en realidad no son los rojos “candilazos” del sol, ni tampoco el paisaje que se vislumbra en este atardecer, lo que me mueve a colgar esta foto; en realidad es la posición que en la misma ocupa esa sencilla y elaborada cruz de hierro forjado que aparece en la foto de Merche; cruz a la que hoy conocemos con el nombre de "Cruz del Siglo". Desconocía los detalles que existían en torno al origen de la misma hasta finales de 2014, cuando en Badajoz encontré una carpeta de documentos correspondientes a la Comisión Provincial de Monumentos de nuestra provincia, en la que se hablaba bastante de Tentudía. Tantos datos recogí, y tan interesantes me parecieron todos ellos, que no dudé en escribir un artículo que más tarde fue publicado, ya en 2016, por la Revista de Estudios Extremeños con el título: Tentudía y la Comisión Provincial de Monumentos en tiempos de Tomás Romero de Castilla (1885-1901).

Decía al final de este artículo que el origen de la cruz que nos ocupa está en el homenaje público que se quiso rendir en la provincia de Badajoz a Cristo Redentor, a comienzos del siglo XX, siguiendo los pasos que ya se habían dado en otras provincias y en otras montañas. Más concretamente se hablaba en aquellas notas que encontré en Badajoz de un punto dominante de la cordillera Cantábrica, el pico de San Carlos, donde se había colocado un imagen del Sagrado Corazón en lo alto de la cresta desde la que se dominaban visualmente las entonces provincias de Santander, Oviedo, León y Palencia.

    En esta misma línea, en la ciudad de Badajoz también se pensó instalar una cruz en la cumbre más alta de la provincia, Tentudía, desde donde además se dominaban tierras pertenecientes a Sevilla y Huelva. La propuesta vino de la mano del Adalid extremeño, periodico de corte católico, y al ser acogida favorablemente por la Junta Diocesana se pensó en construir un cruz de hierro fundido en la que figurase le leyenda “I.CHRISTVS DEVS HOMO VIVIT REGNAT IMPERAT”.

    Se iniciaron las suscripciones necesarias y se confió su gestión al arcipestre de Segura de León, pero no fue necesario continuar con ellas porque surgió pronto un voluntario, cuyo nombre no se menciona en la documentación, quién afrontó a sus expensas los gastos pertinentes. Así que la cruz fue echa en Calera, en el taller de la familia Cubero, y se colocó sobre un pedestal de ladrillos, levantado en la misma explanada, frente a la puerta del santuario mariano. El día de su colocación oficial fue el 26 de mayo de 1901, como se recoge en el Boletín Eclesiástico del Obispado de Badajoz, y allí permaneció hasta el verano de 1936, cuando se hubo de bajar a Calera por motivos largos de explicar. La cruz estuvo en el coro de la iglesia parroquial hasta que las reformas del templo la llevaron a una dependencia del Conventual santiaguista. Y aquí estaba, según leo en otras fuentes, cuando en 1999 se acordó reasentarla en Tentudía, en el lugar que hoy ocupa, donde fue instalada el lluvioso domingo día siete de mayo del año siguiente, con el fin de conmemorar el nacimiento de Cristo y el del nuevo milenio. No debo terminar sin antes decir que, en esta ocasión, los gastos de tan simbólico gesto fueron abonados en exclusiva por la Hermandad de la Santísima Virgen de Tentudía.


  • TENTUDÍA Y BONALES
Foto: Mariló Baños

    Hoy hablaré de cumbres, más concretamente de la cumbre de Tentudía y de las de Los Bonales, aprovechando otra fotografía que amablemente me ha enviado Mariló Baños.
Dije hace tiempo que uno de mis propósitos era mostrar el valor de Tentudía desde aspectos variados y, en esta fase en la que mezclo naturaleza e historia, vengo colgando fotos en las que se muestra la sierra (1.104 m), desde su vertiente suroccidental. Desde mi particular óptica, no queda mucho nuevo por decir de ella, pero sí bastante de los múltiples puntos de vista desde los que puede fotografiarse nuestra sierra.
En este caso he elegido una perspectiva desde Los Bonales porque esta cima, situada al oeste de Tentudía, me resulta muy peculiar por dos motivos. El primero es que uno de los vértices de Los Bonales, porque tiene dos, es el punto más alto de la provincia de Huelva (1.055 m de altitud), por estar situado dentro del término municipal de Arroyomolinos de León. El segundo motivo es que el vértice de mayor altitud de esta alargada y casi llana cima está en términos de Cabeza la Vaca —por tanto, en la provincia de Badajoz—, mientras la diferencia de altitud entre ellos no supera los cinco metros a favor del vértice extremeño (1.060 m). Considerando lo anterior, y teniendo en cuenta que la separación entre ambos vértices no alcanza el medio kilómetro, creo que se puede hablar de una cumbre prácticamente llana.
Puede que fuese esta última circunstancia la que impulsó a los vecinos de Arroyomolinos y Cabeza la Vaca a disputarse la posesión de la cima de la que hablamos, a finales del siglo XIX, cuando se fijaron definitivamente las demarcaciones territoriales de ambos pueblos. Así que, que la actualidad, entre ambos vértices discurre el límite entre Extremadura y Andalucía, al tiempo de señalar ambas elevaciones la línea divisoria de aguas entre los ríos Guadiana y Guadalquivir.
La fotografía que nos ofrece Mariló está tomada precisamente desde el vértice situado en términos de Cabeza la Vaca, el más próximo a Tentudía. Pero el lugar para tomar la fotografía no ha sido elegido al azar, pues si miramos con cierta atención podemos apreciar en la lejanía, entre las ramas de los primeros robles que rodean este vértice Bonales, una blanca casa de campo. Pues bien, esta casa de campo es el punto de partida y regreso —el alfa y el omega— de los paseos de Mariló por estas sierras que tan bien conoce y tanto le preocupan.
Tal es su interés por estas tierras, que ha conseguido recientemente el reconocimiento de Bien de Interés Cultural (BIC) para el Pozo de nieves de Tentudía, por parte de la Junta de Extremadura, y se ha embarcado ahora, junto a otros amigos de Arroyomolinos y Cabeza la Vaca, en el proyecto que pretende señalizar y mejorar el camino que une las cumbres de Tentudía y Los Bonales.
Los senderistas, los amantes de la naturaleza en general y todos los amigos del patrimonio histórico-cultural te agradecemos ese entusiasmo que manifiestas por estos variados aspectos, todos ellos fuera de tu quehacer cotidiano.


  • CAMINO DE LA PLATA DESDE TENTUDÍA

    Hoy toca volver a la cumbre de Tentudía para visualizar desde aquí las tierras de las que hemos hablado estas semanas pasadas; es decir, aquellas por donde pasa el camino de la Plata, desde Almadén al Real de la Jara —ambos pueblos a la derecha de la fotografía—, antes de que la vía de la Plata se dirija hacia el puerto de la Cruz, y posteriormente hacia Monesterio.
Este pueblo se visualiza desde Tentudía, aunque no ocurre lo mismo con el puerto de la Cruz porque lo tapa la sierra de Aguafría. Esta elevación es la que aparece más a la izquierda en la foto de hoy, situada precisamente al este del santuario mariano si tenemos en cuenta que la iglesia de Tudía tiene una orientación canónica. Al hilo de lo anterior,se puede decir que la sierra de Aguafría resulta ligeramente alargada en la dirección este-oeste, y con sus 1.079 metros de altitud resulta un verdadero osbtáculo para el completo control visual del camino de la Plata desde Tentudía.
Los señores del castillo de Montemolín, para superar esta dificultad levantaron un punto fortificado al sureste de esta sierra, en un alto que hoy se le llama sierra del Castillo, a 1.007 m. de altitud y conectado visualmente con Tentudía. Estas fortificaciones cercanas a los caminos estaban rodeadas en la Edad Media de tierras poco pobladas en las que existía abundancia de jabalíes y osos, si nos atenemos a lo que se dice en el “Libro de la Montería”, del rey Alfonso XI de Castilla. Al hilo de lo que aquí se dice, resulta evidente que en aquellos tiempos debía hacer más frío y llover más abundantemente de lo que ahora lo hace; al igual que también se aprecia en dicho libro que el número de cazaderos se acrecienta al aproximarse a las sierras de Aguafría y de Tudía. .
Ya dije una de estas semanas pasadas que al mediodía de Tudía se situaba el cazadero de Valdelamadera. Hoy señalaré que a levante de este cazadero estaba el del arroyo del Moro, y más hacia el camino de la Plata, debajo mismo de la sierra de Aguafría, estaba el de “Las Marismillas”. Sorprendentemente este topónimo todavía se conserva; y también se conserva, aunque distorsionado, otro cazadero llamado entonces “Castriel de las culuebras”. A mi juicio este último cazadero estaba debajo de la actual sierra del Castillo; creo no equivocarme si tenemos en cuenta que el arroyo que nace en dicha sierra se llama hoy “El Culebrín”.
En este despliegue de cazaderos no quiero dejar de mencionar el llamado en aquellos tiempos “Cabeza del Aguila”. Es cierto que este topónimo se ha perdido como tal, pero si se analiza con cierto detenimiento los puntos que lo rodeaban, hay motivos suficientes para pensar que se trata del actual alto del Machado, de 835 m. de altitud. Este monte no es otro que el que vemos a mano derecha de la fotografía. Entre este cerro y la sierra de Aguafría discurre el arroyo del Helechoso, otro afluente de la rivera de Cala.

  • PAISAJE DE TENTUDÍA

   
Conocidos los detalles más interesantes sobre de fachadas y cubiertas del monasterio de Tentudía, podíamos iniciar hoy los comentarios arquitectónicos relativos a algunas de sus estancias internas. Sin embargo, me parece más acertado comenzar con un aspecto diferente, muy interesante también, y que cuenta con muchos seguidores. Porque no son pocos los que suben a Tentudía para contemplar el paisaje de su entorno, sabedores de la espectaculares panorámicas que se visualizan desde la cima.

En este caso, el aspecto paisajístico quiero tratarlo desde un punto de vista geográfico, es decir, incluyendo factores morfológicos y humanos —naturales y antrópicos— pero intensificando este última tipología porque la influencia del ser humano a lo largo de la historia se manifiesta en la disposición de la vegetación y en las construcciones que ha ido dejando.

La foto de hoy no es de las mejores que puedan existir, al estar tomada en una mañana de esas mañanas que a consecuencia del fresco viento de poniente se origina una especie de calima que se transforma en bancos de niebla en la distancia.

Pero no disponiendo de otra mejor para mi propósito, quiero mostrar con ella la honda depresión que existe en la falda norte de Tentudía, por la que discurre el curso del río Ardila. En primer término tenemos la cubierta vegetal de esta falda, en la que predominan los robles. Un poco más abajo aparecen olivares mezclados con los encinares de las dehesas, unos y otros gobernados por la acción del hombre. La cresta más cercana a Tentudía es el Cerro de las Contiendas —su nombre le llega de los pleitos habidos entre Calera y Cabeza la Vaca—, discurriendo a los pies de ambos montes el cauce del río Ardila.

A grandes rasgos, podemos decir que el Ardila corre en su tramo alto hacia el norte, pero a una cota de 550 metros se encuentra con el escalón rocoso que forman los peñones de Los Barrancos, en termino de Calera, y el río se ve forzado a girar hacia el noroeste. En esa dirección sigue bajando y abandona Sierra Morena, escapando de ella por esa brecha orográfica que conforma Cerro Carrasco, a la derecha, y Sierra de Gigonza, a la izquierda.

Esta sierra, tiene tres crestas a distinto nivel y está enteramente en términos de Segura de León. En su cresta central existen todavía unas ruinas que corresponden al antiguo castillo de Gigonza, fortaleza de la que nos trae referencias un geógrafo musulmán llama Al-Idrisi, allá por el siglo XII. Este castillo era por entonces un renombrado punto, situado en el camino entre Sevilla y Badajoz.

A lo lejos, cuando el paisaje ya corresponde a la campiña y el curso del Ardila describe una curva hacia poniente, podemos visualizar una de las muchas poblaciones que se ve desde Tentudía. En este caso se trata de Valencia del Ventoso, pero si no tuviésemos esa ligera niebla podíamos visualizar la población de Burguillos del Cerro, que está a 42 kilómetros de Tentudía.

  • CANTIGAS EN TUDÍA

SANTA MARÍA DE TUDÍA. CANTIGAS DE ALFONSO X EL SABIO, II.
Decía la semana pasada que el hecho de aparecer el santuario de Tudía como centro de peregrinaciones en las cantigas de Alfonso X resulta algo insólito en la actual Extremadura; lo es porque en la colección de cantares, y dentro de tierras extremeñas, no aparece otro santuario mariano donde acuda la gente en peregrinación, tal y como nos dice el rey Sabio. Habla el monarca de un milagro ocurrido en Plasencia, pero no en un centro de peregrinación como lo era la iglesia de Santa María de Tudía. El santuario mariano más cercano a Tudía era Terena (Portugal), en el que la Virgen obra milagros para devotos de Badajoz, Jerez y Burguillos (del Cerro), e incluso de Aroche y Cumbres Mayores —las dos últimas en la provincia de Huelva—.
Conocido lo anterior, debemos preguntarnos cómo Alfonso X pudo tener conocimiento de la iglesia de Tudía para incluir a su imagen titular en las cantigas a Santa María. En respuesta a tal pregunta debo señalar que Alfonso X pudo tener noticias de la iglesia de Tudía en los primeros meses de su reinado, pues estaba en Sevilla en el momento de acceder al trono de Castilla en junio de 1252 y, en noviembre, tuvo que desplazarse a Badajoz para resolver ciertos asuntos político-militares con el rey Alfonso III de Portugal. La llamada “cuestión del Algarve” enturbiaba la relación entre los dos monarcas y, para resolverla, se concertaron los reyes en Badajoz.
Los caminos ente Sevilla y Badajoz en la Edad Media —en rojo en el mapa—, pasaban por las proximidades de la sierra de Tudía —marcada con círculo azul—, así que siguiendo la documentación emitida por la Cancillería real se sabe que el monarca salió de Sevilla en torno al 25 de octubre y su llegada a Badajoz la hizo en fechas próximas al día 9 de noviembre. Quince días de viaje en un trayecto que podía hacerse en cinco días, da pie a suponer que el rey se detuviera en alguna población por donde pasaba el camino; tal vez cazara en los montes cercanos al mismo, o tal vez se interesara por conocer de primera mano la profundidad de la penetración de los portugueses, que por entonces se adueñaron de Aracena. Dándose la circunstancia de que este castillo se visualiza desde Tudía, es muy posible que don Alfonso conociera la iglesia de Santa María de Tudía; y muy posiblemente lo hiciera de la mano del maestre Pelay Pérez Correa, portugués de nacimiento y buen conocedor del problema del Algarve.
Es cierto que en 1252 el rey no estaba todavía involucrado en la elaboración de las cantigas marianas, pero debemos tener en cuenta que años después el rey de Castilla hizo otros dos desplazamientos entre Sevilla y Badajoz —viajes de ida y vuelta— en los años 1267 y 1280, ambos en los meses fríos del año. El viaje de 1267 se hizo para firmar el Tratado de Badajoz, entre Castilla y Portugal, en el mes de febrero; por otra parte, el desplazamiento de 1280 lo emprendió desde Sevilla en el mes de febrero, permaneció en Badajoz hasta el 2 de marzo y ya estaba de vuelta en Sevilla el 20 de este mes. Otra quincena de días cuando el rey ya estaba obsesionado por alcanzar las cifra de cuatrocientas cantigas dedicadas a Santa María. Empresa que le llevó a recoger historias de santuarios locales y a introducir asuntos muy personales del mismo rey en aquellos cantares.